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Poesía religiosa. San Francisco de Asís
El Cristo de San Damián

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EL CRISTO DE SAN DAMIÁN

Las ruinas de San Damián,
una iglesia destruida,
Cristo está sólo y te mira,
en torno, la oscuridad.

Señor: - ¿Qué quieres que haga?
preguntas desde hace años
al que conduce el rebaño
hacia corrientes de agua.

Porque tu alma está sedienta
de Amor puro y agua viva,
del Espíritu de vida
de quien tu Iglesia está hambrienta.

Señor: ¿Qué quieres que haga?
es el clamor de tu pecho
por los ayunos deshecho,
ilusionado y en ansia.

Luz pedís para tu mente,
y un corazón encendido
en el Amor del Dios vivo,
fe esperanzada y ardiente.

Profunda humildad dispuesta
al servicio simple y puro
del Señor que, desde el muro,
en silencio, te contempla.

Él reina crucificado
sobre un altar de madera
que se encuentra en la ladera
de un Subacio ensangrentado.

Sus ojos grandes y vivos
en los tuyos se han clavado,
su corazón traspasado
de Amor, te invita a seguirlo.

Habla el Señor de los cielos
y su voz dice: - ¡Francisco!
repara pronto mi casa
que se está cayendo al suelo.

Su Palabra te conmueve,
rompes en llanto al oírlo,
de dispones a seguirlo
y su Espíritu te mueve.

Desde entonces una llama
de aceite puro de olivo,
arde en honor de tu Cristo
y es reflejo de tu alma.

Su voz se quedó en tu mente
como brasa al rojo vivo
y quemaron tus oídos
sus palabras lentamente.

Repara pronto mi Iglesia,
ya ves que se desmorona,
que no es de piedra mi gloria
ni de arena mi clemencia.

FRANCISCO, LOCO POR CRISTO.

Seguir tus pasos y estar crucificado
como un gorrión humilde y peregrino
tras las huellas que señalan tu camino,
dejarlo todo y quedar anonadado.

Para el mundo haber enloquecido
como la mariposa que ha encontrado
la luz que su destino ha transformado
y lo tiene en su fuego consumido.

Nostálgico de inocencia, peregrina,
desnudo como el Padre lo ha creado,
desnudo como el sol en el ocaso
que se oculta detrás de la colina.

Porque desnudo está el Amor que lo ha atrapado,
desnudo de poder, de posesión y estima,
desnudo de ambición, de amor, de compañía;
pobre, casto, obediente, abandonado.

Loco por Cristo, Francisco, peregrina
detrás de aquél que lo tiene enamorado,
detrás de un Sol que está crucificado
en el árbol que es comienzo de la vida.

Loco por Cristo su corazón está llagado
en un Amor que todo lo domina,
llagado el pensamiento se encamina
con ilusión tras las huellas del Amado.

No es amado el Amor, proclama desolado
y su locura se vuelve llama viva,
hoguera de pasión que está encendida
a los pies de la cruz con Él clavado.

No es amado el Amor que se ha abajado
y en un pesebre pobre se hace vida,
se hace carne en nosotros en la Eucaristía
y por nosotros y todos se ha entregado.


No es amado el Amor que te ha creado
y te arrancó de la nada en su osadía
el que abrió tus ojos a la luz del día
y te tiene un reino preparado.

Peregrino y forastero lo ha dejado
todo por el Cristo de su vida,
Resucitado, es su tierra prometida
y en el destierro lo sigue esperanzado.

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