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Poesía religiosa. San Francisco de Asís
La danza en el bosque

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......


LA DANZA EN EL BOSQUE

En el bosque se ocultaba
el misterio de una vida
que fresca se consumía
en el Cristo que buscaba.

Paso a paso lo adoraba
estaba cayendo el día
y el corazón le latía
porque su Amor lo embriagaba.

Francisco, fiel peregrino
por un sendero de aromas
siente al Señor que se asoma
y transforma su camino.

Los abetos que se yerguen
como gigantes al cielo
le ofrecen a Dios su celo
y en las alturas se pierden.

Ermitaños solitarios
de adoración y silencio
alzan sus brazos de incienso
al cielo para alabarlo.

Es el coro que a Francisco
embriaga con su frescura
y despierta la ternura
que lo deleita en su Cristo.

Bosque, sendero y plegaria
un corazón que se eleva,
la mente que al Cristo vuela
y el bosque que la acompaña.

Camina Francisco absorto,
los cipreses lo custodian
y el caminar se hace historia
que se conjuga en nosotros.


En su brisa Dios lo envuelve
lo perfuma, lo acaricia
y le ofrece las delicias
del sol que lejos se pierde.

Diálogo de enamorados
sin palabras, en silencio,
contenido en el aliento
de un día resucitado.

Un claro y el horizonte
se abre magnífico en fiesta
la tarde ya se recuesta
y purpúrea le responde.

Le dice que enamorada
sigue al sol en su destino
pues el amor y el camino
la han dejado cautivada.

Que va detrás de su amado
cabalgando las montañas,
que lo lleva en las entrañas
de un día que se ha fugado.

Que le regala la noche
de terciopelo encantado
en la que el cielo estrellado
canta y danza en su derroche.

Parte la tarde y la luna
se enseñorea del bosque,
lo besa en mágicos toques
y lo envuelve en su blancura.

Extasiado está Francisco
en el vals de la dulzura
que bailan ante sus ojos
los abetos y la luna.

La danza lo sobrecoge
y el corazón le asegura
que es danza de amor eterno
en un misterio de bruma.
Él baila en los sentimientos
de libélulas nocturnas
y danza en el pensamiento
de la noche y su frescura.

Abraza el aire y el viento
que en su aroma le asegura
la presencia en el misterio
de su Amor en la penumbra.

Penumbra de noche y bosque
que en melodías acunan
en vals de mágico encuentro
su corazón hecho luna.

Danza Francisco en la noche
la plegaria que lo acuna
y se entrega en un suspiro
de anhelo, pasión y bruma.

Danza Francisco el lamento
de su búsqueda nocturna
llama a su Amor y lo envuelve
la noche con su ternura.

El rocío lo bendice
empapando su figura
bautizándolo en la noche
que en su silencio lo acuna.

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LA FUENTE


Hay una fuente escondida
en un paraje de ensueño
y esa fuente tiene un dueño
que le da su propia vida.

Es una fuente encantada
de sol y agua cristalina,
solaz para el que camina
y vida que no se acaba.

sólo en sus aguas se apaga
la sed que el alma inhabita,
del espíritu que grita
al Padre que lo reclama.

Camina Francisco el valle
de cipreses y misterio
peregrino en cautiverio
del deseo que lo invade.

Va en busca del agua pura
que dé razón a sus noches
y que anegue en su derroche
el pozo azul de su hondura.

Camina con sed Francisco
por un valle de penumbra
en que la luz que lo alumbra
bordea su precipicio.

Remonta el río del alba
hacia su origen y fuente
y en su plegaria se siente
la sed que le quema el alma.

Es sed de Amor absoluto,
de entrega sin condiciones,
sed de un Amor sin razones
en el origen del mundo.

Remontan sus pies alados
un encrespado sendero
que troca el desfiladero
en senda de enamorados.

No conoce su camino
es su instinto que lo mueve
el Espíritu que quiere
llevarlo hacia su destino.

Dicen que la fuente mana
de un glacial desconocido
que está más allá del río
y del sol de la mañana.

Que sostenido en el cielo
es origen de abundancia
y despeja la ignorancia
del que se abreva en su seno.

Los cóndores lo custodian,
guardianes del horizonte
y en su plumaje se esconde
el sol en toda su gloria.

Sólo las águilas llegan
a gozar su transparencia
y beben en la inocencia
que en la altura se renueva.

Contempla Francisco el vuelo
de los seres escogidos
que han hecho en la altura el nido
de su pasión y su anhelo.

La fuente de sus deseos
está delante y lo invita
a la plegaria inaudita
que busca el Amor primero.

Bebe Francisco y entona
su cántico enamorado,
del corazón entregado
al que nunca lo abandona.

- Quiero ser un instrumento
de paz, de amor y consuelo
que exorcice el mundo entero
del odio y su sentimiento.

- Quiero ser perdón sincero
bálsamo de las ofensas
quiero ser Fe del que a tientas
camina por tu sendero.

Llevar tu verdad al mundo
en que el error señorea
y la alegría sincera
para el que ha perdido el rumbo.

Donde hay desunión, discordia,
sembrar unidad y vida
recuperar la osadía
de buscar siempre tu gloria.

Quiero llevar esperanza
al corazón abatido
en que el gozo se ha dormido
y se perdió la confianza.

Comprender al desolado
consolar al abatido,
sanar el amor herido
perdonar siempre a tu lado.

Un deseo hecho plegaria
en fuente de Amor donado
en el manantial buscado
por Francisco en la montaña.

Corre el río por el bosque
entre helechos empapados
en verde fresco esperanza
en gotas de sol bañados.

Y con él baja Francisco
su clamor ya fue escuchado
su plegaria entretejida
de helechos y musgos dorados.

Se desliza en las laderas
del monte en el que ha encontrado
la fuente del Amor puro
que brota de su costado.

Fuente de paz es Francisco
su corazón serenado
que palpita por las cumbres
de un glacial de sol preñado.

Preñado de sol Francisco
se quedó y transfigurado
atravesado de sol
su pecho, sus pies, sus manos.

Y en sus ojos una fuente
que pacifica el ocaso
da de beber a los hombres
y hace fecundo su paso.