SANTA MARÍA La noche ya se alejaba la luna palidecía y la mañana se abría con su luz potente y clara. Una noche de plegaria de oración pura y sentida en que Francisco vivía la presencia trinitaria. El alba clara se alzaba y el horizonte encendía el lucero que en la noche su corazón conmovía. Tenía el lucero un nombre que al alba resplandecía, era una estrella brillante que se llamaba María. Acompañaba sus noches y sus horas de vigilia bendecía sus silencios la devoción en que ardía. La madre de las estrellas de la luz que era su guía una joya en aquel cielo que el corazón consumía. La madre de la alabanza de su paz y su alegría la fuente de su esperanza y su nombre era María. Encendía su confianza y el camino recorría cimentaba la templanza y su ilusión encendía. Y en el alba aún estaba esperando la venida del sol que la acariciaba con su calor y energía. en los ojos de Francisco la joya resplandecía pues en el alma engarzada la Madre de Dios tenía. Y al final de su alabanza que en el alba concluía con el saludo a la Virgen su corazón se ofrecía.

  
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