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Poesía religiosa y mística cristiana
Tiempo de Adviento




ALÉGRENSE PORQUE EL DÍA SE LEVANTA...

Alégrense porque el día se levanta
y el sol de la justicia ya se asoma
que destilen los cedros sus aromas
cuando el cielo y sus aves ya le cantan.

Alégrense, el Señor que ya se acerca
y enamora en el perfume de su paso
es príncipe de Paz y con su abrazo
reconstruye en su bondad el alma muerta.

Alégrense que el Señor de los señores
vestido de jazmín y de jacinto
llega envuelto de sol y es el Dios vivo
en que se gozan la luz y los amores.

Esta cerca y exorciza los temores
ilumina la angustia y la tristeza,
Él renueva la vida en su pureza
y descubre del encuentro sus sabores.

Está cerca y reclama tu presencia
para encender en tus ojos la esperanza
anidar en tus entrañas la confianza
y endulzar la amargura de la ausencia.



ESTÁN SOPLANDO YA...

Están soplando ya los vientos nuevos
desde el Oriente el aroma del incienso
y ente mis ojos la vida como un lienzo
que pintas con Amor en tu misterio.


Sopla brisa que refresca desde el mar
y mi rostro acaricia el aire fresco
y es el toque salado y de tus dedos
el sentimiento de vivir y de soñar.

Se que vienes a mi vida porque pasas
y es presencia la luz de la mañana
la claridad de tu cielo que temprana
alegra la jornada en que me abrazas.

Estás vivo y reinas soberano
sobre las nubes serenas a lo lejos
caminas sobre el cielo y el reflejo
de la vida que mana de tus manos.

Vienes nuevamente en este día
y la fuerza de tu Espíritu me eleva
se transforma el invierno en primavera
y en el jardín de la vida es la alegría.



HAY UNA VOZ QUE GRITA...

Hay una voz que grita en el desierto:
-¡Preparen los caminos al Amor!
porque se acerca el día en que el Señor
visitará la morada de los muertos.

En el páramo resuena la trompeta
que anuncia la venida del que llega
a instaurar en la tierra primaveras
que cumplen la promesa del profeta.

Los montes se inclinan a su paso
y la estepa florece en su presencia
pues el frío doloroso de la ausencia
cede el lugar al fuego sin ocaso.

Llega el Señor que bautiza con su vida
y renueva con su paz los corazones
llega el tiempo en que se cantan las canciones
y el Espíritu se dona sin medida.

Porque alumbra un nuevo sol entre los montes
y una mañana se levanta iluminando
el Universo en su Amor se está quemando
y se enciende de su luz el horizonte.

-¡Ven pronto Señor, ven te lo ruego!
y enciende el corazón en tus amores
porque reclaman tu paso hasta las flores
que en su color se revisten de tu fuego.



EN UN DESIERTO...

En un desierto solitario y frío
en el que el alma en su penar se encuentra
cuando tan solo el ansia la alimenta
oye una voz en medio de su olvido.

Es la voz de un amor que se ha perdido
el que en las noches la llenaba de consuelo
el que abría en sus susurros ese cielo
que la envolvía en la tibieza del estío.

Oye la voz de su amor que distraído
ya por las noches del amor transita
es la voz del Amado que la invita
a esperar en su regreso si se ha ido.

Es una voz delicada en su conciencia
como la brisa del aire matutino
como el aroma del trébol del camino
que peregrina constante en su paciencia.

Es la voz que tranquila en la inclemencia
cuando truena solitario el cielo herido
porque el sol en su aventura se ha dormido
y ha perdido el amor su transparencia.

Oye el alma una voz y es como un canto
que melodioso la invade y la levanta
pues es la aurora de la vida que le canta
cuando la luz la envuelve con su manto.



EL PASEO DE LOS TILOS...

El paseo de los tilos y el perfume
de tu presencia suave y soberana
un aroma ingenuo de creación cercana
y el fuego de un Amor que me consume.

El verdor de la vida que florece
y se entrega en el hálito del cielo
la fragancia de tu paso y el consuelo
de un toque misterioso que estremece.

Así deambulo en el camino de la vida
entre hojarascas de Otoños pasajeros
cuando el rubor de un bosque pregonero
me acerca de tu vos la melodía.

Así camino sintiéndote en la ausencia
cuando las sombras de la noche llegan
cuando el silencio de tu Amor me llena
aunque la brisa me traiga tu presencia.

Así te espero aunque el tiempo se eternice
en una espera que es anhelo de tu vida
de la fuente que se dona sin medida
y a los que te esperan confiados pertenece.



FLORECERÁ LA JUSTICIA DESDE EL CIELO...
(Is 45)

Florecerá la justicia desde el cielo
y la tierra otra vez dará su fruto,
el cambiará en fiesta todo el luto
del pobre desterrado y prisionero.

Cubrirá mi nube el horizonte
y mi gloria fecundará tu suelo,
Yo seré tu paz y tu consuelo,
reconstruiré mi ciudad sobre los montes.

El Amor regresará de su destierro
y su manto cubrirá la tierra toda,
será el bálsamo suave de la aurora
que comienza en el mundo que recreo.

La semilla que planto es Vida Nueva
una Alianza que jamás será abolida,
mi fidelidad para siempre sostenida
en la promesa del perdón que la genera.

Él te penetrará como el rocío
que, sereno, en la noche se derrama,
te despertará renovado en la mañana
y en el Sol verás que Yo he vencido.


Volverás a tu tierra, Pueblo mío
pues tu tierra soy Yo que te esperaba,
tu serás el templo que paciente preparaba
y mi gloria será tu rostro vivo.

¡Alégrate y canta la victoria
de la luz, de la paz y la justicia!
Tú serás del mundo la primicia
de la salvación que se hace historia.




EN LA COLINA, MI AMOR, LA CIUDAD SANTA...

En la colina, mi amor, la Ciudad Santa,
la meta de mis sentimientos y mis ansias,
la pasión de mi dolor, la herida que acompaña
el peregrinar por el mundo hacia el Amor.

Y en la ciudad del Amor, el Sol de soles,
el Cordero en su blancura inigualada,
ilumina cielos y tierra con su gracia
y su sangre, hecha de luz, recubre el orbe.

Y la ciudad se esconde en el Cordero
y el Cordero es ciudad amurallada
que se vuelve eucaristía celebrada
en el altar que envuelve el universo.

Y en las olas del Amor del mar que es toda gracia
navega la liturgia que consagra el tiempo,
el canto de los serafines que me trae el viento
y me llena de luz con su fragancia.

Y en el misterio puro del pan que es transformado
se transforma mi vida en tu misterio,
se consuma la historia, se reconstruye el templo,
el tiempo y el espacio ya están resucitados.




AMARTE SEÑOR Y CONTEMPLAR TU ROSTRO...

Amarte Señor y contemplar tu rostro
es encontrar la salvación ansiada,
es, por fin, tener el alma reposada
sobre el pecho amante de su esposo.

Y en experimentar tu Amor eterno
se encuentra ya la tierra prometida,
la ciudad de la paz y la alegría
iluminada por tus ojos tiernos.

Es en Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros
que recuperamos el Amor perdido,
en su corazón atravesado y dolorido
se abrió la fuente que nos trae el gozo.

Su vid nueva como lluvia fresca
fecundó de Amor los corazones rotos,
ungió la sequedad, iluminó los rostros
y germinó, en el páramo, su primavera.

Su Espíritu de Amor todo lo llena
y recrea el paraíso en lo profundo.
Él impulsa la historia y nuestro mundo
a la vida que en Ti se vuelve plena.

Él es el anticipo de la gloria contemplada,
luz divina que ilumina tu misterio,
el calor de tu presencia en el invierno
y el canto de los hombres que te alaban.




QUIERO ANUNCIARTE LA ALEGRÍA... (Is. 61,1-11)

Quiero anunciarte la alegría,
el año de gracia del Señor,
el fin de la vergüenza y del dolor,
la esclavitud que para siempre se termina.

Me ha ungido el Señor, el poderoso,
con su Espíritu de paz y de justicia,
yo te doy, en su nombre, la noticia:
la libertad, por fin, será tu gozo.

Él vendará los corazones rotos
y liberará a los oprimidos,
dará la victoria a los cautivos,
su gloria cantarán pueblos remotos.

Restaurará las ciudades desoladas
y las viñas, por fin, darán su fruto,
hoy se termina, Israel, tu luto
y una nueva primavera se prepara.

Hoy consagra el Señor sus sacerdotes,
los ministros de la nueva Alianza,
los que anuncian al mundo la esperanza
de la viña cultivada y de sus brotes.

Y yo me gozaré de su presencia
y exaltaré al Dios de mi esperanza,
se llenará mi boca de alabanza
y amarlo sólo a Él será mi ciencia.

Porque de salvación me ha revestido
con el manto de justicia del esposo,
como la novia, me adorno con el gozo
de contemplar ante mi lo prometido.

Porque en mi tierra ya brota la justicia
y la semilla de una vida nueva,
ha comenzado ya una nueva era
y las naciones gritan la noticia.



EMMANUEL

Brota un retoño del tronco de Jesé,
un descendiente soberano de David,
la raíz poderosa de la nueva vid,
el Dios con nosotros, Emmanuel.

El es signo de fidelidad cumplida,
de la promesa en el tiempo respetada,
de la Palabra, en la historia, contemplada
del Dios manifestado en profecía.

En sus venas corre el Espíritu Divino:
sabiduría, fortaleza, inteligencia,
temor de Dios, piedad y ciencia,
consejo y luz para el camino.

En sus labios la justicia al oprimido,
al débil rectitud en la sentencia,
la verdad que lo envuelve y la clemencia
que levanta el corazón herido.

Reconciliación y paz será su nombre
y el lobo pacerá con el cordero,
el leopardo y el cabrito en el otero,
el novillo, el cachorro, un niño pobre.

La vaca y la osa con sus crías,
el león que come paja con los bueyes,
juega el niño con áspid y serpientes
y nadie se hace daño ni lastima.

El conocimiento de Dios llena la tierra
y el mundo cubre la gloria de su Nombre,
el Emmanuel, es su presencia entre los hombres
y el Paraíso regresa con su primavera.




VOCACIÓN. (Is. 6)

Una brasa ardiente entre mis labios:
tu Palabra cautivante, abrasadora,
la Voz que me convoca y me enamora,
la miel que purifica mi pecado.

Ante mi los Serafines amorosos,
encendidos en el fuego que los nutre,
como antorchas del Amor que los consume,
cantan la gloria del Todopoderoso.

Santo, Santo, Santo y majestuoso,
Señor omnipotente, Amor primero,
liberador poderoso y justiciero,
darte honor y gloria es nuestro gozo.

¿A quién mandaré para que anuncie
a mi pueblo el fin de su pecado?
Que lo quiero arrepentido y rescatado
de la idolatría y la injusticia que lo cubre.

¡Aquí estoy! Mándame si quieres,
ya que mi boca tu brasa la ha cambiado
en un río de fuego cautivado
en el volcán del Amor que lo sostiene.

Mándame y hazme mensajero de tu Reino,
de tu justicia, de tu perdón, de tu ternura,
de tu paternidad, de tu misericordia y tu dulzura,
del Amor que nos convoca y su misterio.





EN UNA NUBE COMO SOL NACIENTE...

En una nube como Sol naciente
tu rostro como luz del mediodía,
estrellas te rodean, los ángeles que admiran
la claridad que de tu cuerpo se desprende.

Te envuelves en el manto de la gloria
con que el Padre te cubrió antes del tiempo,
a tus pies se extiende el firmamento
y la tierra proclama tu victoria.

Eres la paz y la justicia que esperaba,
el juicio que al inocente reivindica,
la verdad que la historia purifica,
la vida que los profetas anunciaban.

Eres el que rescata del olvido la memoria
de los testigos que en tu sangre se envolvieron,
los que anunciando tu Palabra perecieron
y con su muerte proclaman tu victoria.

Ahora vuelves, Señor del universo,
a consumar tu Reino en nuestras vidas.
Tu Espíritu se vuelve nuestro guía
y conduce la historia hacia tu encuentro.




LA VIÑA (Is. 5,1-7)

Déjenme que cante la canción
del Amor de mi amigo por su viña,
la canción del cuidado y del dolor
de no ser correspondido a su medida.

Mi amigo plantó una viña
en un valle de ensueño y de ternura,
era un paraíso de sol y de hermosura,
de armonía, de paz y de justicia.

Con la paciencia que vence el tiempo que devora
despedregó el terreno con cuidado,
de a poco le quitó los yuyos malos
y bendijo la tierra con su sombra.

En una fuente cristalina y pura,
la que brota del Amor de su costado,
le dio de beber entusiasmado
esperando frutos de dulzura.

Y sin embargo, la ingratitud fue su salario,
brotaron en ella sólo frutos de amargura,
uvas agrias de injusticia y de penumbra,
la autosuficiencia ingrata del pecado.

La viña se apoderó del sol que la acunaba
y cerró sus oídos al viento mensajero,
se creyó fuente viva y pozo del otero,
se olvidó que no era la tierra que la alimentaba.

Ingratitud fue su pecado en la ceguera
de mirar complacida sus ramas y sus brotes,
olvidando su origen despreció ser pobre,
rica sólo de sí misma creyó ser primavera.

Escucha lo que haré, viña traidora:
trataré de olvidar tu nombre y tu recuerdo,
cerraré mi fuente, te asolarán los cuervos
el sol se apagará y tus días serán sombra.


Cuando recuperes de mis dones la memoria
y vuelvas a beber de mi fuente agradecida,
cuando supliques por el sol que te da vida
y anheles los rayos de mi gloria...

Cuando tus raíces busquen mi Palabra cada día
y nutras en mi Amor tus sentimientos,
cuando te purifiques en la lluvia del arrepentimiento
y des frutos de dulzura, viña mía...

Entonces contemplarás mi Amor primero,
volveré a bendecirte con mi sombra,
soplará en tus oídos la brisa que me nombra,
yo seré tu viñador y tu mi pueblo.




VOLVERÁS Y ESPERO TU VENIDA...

Volverás y espero tu venida,
a renovar para siempre un mundo viejo,
a superar la realidad que en el espejo
de los días sus misterios escondía.

Volverás, vencedor para siempre de la noche
que se tragó la ilusión de un cielo nuevo,
vencedor de la tiniebla opresora en el anhelo
de la luz que no se extingue y de sus goces.

Volverás sobre una nube transformado
en el sol de un universo renacido
cuando el pecado para siempre suprimido
dará paso a la gracia de un mundo renovado.

Volverás en mi conciencia liberada
de los fantasmas que me alejan de tu fuente,
en la memoria que te quiere aquí presente,
en la inteligencia de tu ser iluminada.

Volverás en un Amor de primavera
que enciende el corazón agradecido
a florecer en el pecho que has herido
con la espina de una rosa mensajera.

Volverás en el mar de las gaviotas,
en los gorriones simples y sus juegos,
en golondrinas, cisnes y jilgueros,
en el cielo que secuestraron las alondras.

Volverás, y el final de los tiempos ya presente
adelanta el calor de tu presencia,
se derrite ante tu rostro el frío de la ausencia,
tu luz todo lo llena y ya me envuelve.


Volverás en los alerces azulados,
en los robles de Amor enrojecidos,
en los abedules de plata, consumidos
en el invierno de la espera, ya brotados.

En el manantial, a la orilla del sendero
serás canto cristalino y encantado,
compañía del camino recobrado,
armonía de mis pasos y mi credo.

En la melancolía de un otoño enrojecido
o en las hojas de un tilo amarillentas,
en la inmensidad desolada de la estepa,
o en el campo tapizado con el trigo.

Simplemente volverás como te has ido
y tu triunfo será la tierra nueva,
consumará tu presencia ya mi espera
en un rayo de tu luz entretejido.

Volverás en el día señalado
a reunir a tu pueblo nuevamente,
desde todas las naciones, de repente,
llegarán con los frutos que has sembrado.

Cantarán del corazón un canto nuevo:
pueblos, razas, lenguas y naciones,
un mundo en alabanza en sus canciones
glorificando tu nombre como un pueblo.

Será tu Iglesia en triunfo y alabanza,
purificada en la sangre del Cordero,
vestida está de luz y el mundo entero
celebra, consumada, su esperanza.