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Amor místico. Poemas de amor a Dios

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Los besos de Dios
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Los besos de Dios

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FLORECER...

Florecer para Ti, ser tu alegría,
brotar desde la profundidad de mi tormento,
abrir la plenitud que sembraste tan adentro
y ofrecerte los pétalos de mi sinfonía.

Desplegarme en tu mirada acogedora y clara
y entregarte la belleza que cultivó tu mano,
surgir desde el abismo ignoto y perfumado
en el que el Amor fraguó el color de la mañana.

Ser tu gozo, la sonrisa de tu rostro suave,
la música que tus oídos acaricia,
la embriaguez de tu paladar, la brisa
que se enreda en tus cabellos y te invade.

Ser el perfume de la flor que tu milagro abre,
que la frescura de la noche cobijó con calma,
darte la delicada suavidad que colorea el alma
y deleitar tus ojos con la luz que me entregaste.

El alba nos encontrará entretejidos de frescura,
beberemos el dulce néctar del encuentro,
tu luz será la pascua de mi sufrimiento,
tu Amor será victoria, paz, aceptación, ternura.

Y un cactus florecido cantará la gloria de mi amado,
Proclamará su obra de escultor divino, de artista enamorado
Del que hace surgir de las piedras la dulzura y el aire perfumado,
Que sabe cultivar entre las espinas de los cardos.

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TUS BESOS ...

Tus besos, más dulces que el vino que deleita.
Embriagan, serenan, excitan, refrescan.
Tu ternura sublime de suavidad que deja
el alma sosegada en tu presencia cierta.

La suavidad de tus caricias que se aquietan
en la piel del alma que a tu Amor se entrega
sin guardarse nada, sin querer favores,
sin ambici6n, sin posesión, sin apetencias.

Tan sólo tu perfume que se impregna
en las raíces mismas de mi esencia.
Vaciado de mi mismo, tu presencia
lo va tomando todo y soy tu complacencia.

Me envuelves desde dentro y sólo dejas
la nostalgia del dardo que el amor aqueja,
te vas, quedándote en la ausencia;
eres mi dolor, mi soledad, mi pensamiento y experiencia.

Respírame en tu aliento, llena mis velas.
Palpítame en la hondura de mi corazón en pena.
Envuélveme en tu mirada de miel fresca,
vuélveme dulzura de tu paladar y t6mame;
piérdeme en la copa que me embriaga cuando sueñas.

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DEJATE AMAR

Déjate amar, dijiste desde el seno de mi canto.
Ya no me digas tu amor, pues lo conozco;
comienza a sentir el mío, cierra tus ojos
y siente el palpitar de mis latidos y mi encanto.

Siente de mis dedos la caricia suave
que recorre tu pecho, tu corazón, tus manos.
Serénate en el roce de mis labios,
déjate tocar por mi Amor que ya te invade.

Recibe el soplo de mi aliento y dame
la copa que llenaré del vino que derramo,
embriágate de mis besos tiernos, que te amo,
descansa en mi Amor, déjame besarte.

Deja mis palabras dulces como miel de enjambres
recorrer tu pensamiento de mil voces serenado,
llénate, copa mía de cristal tallado
de la voz y la presencia de tu Amado.

Déjate recorrer y ofréceme las flores de tu prado.
Soy Yo, tu pastor, el que apaciento tu espíritu callado.
Desde el abismo de tu corazón enamorado
ábreme la puerta, me quedaré contigo, soy tu Amado.

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¿DÓNDE ESTÁS?

¿Dónde estás Amado que te busco sin respiro?
te he buscado por senderos y caminos.
Me han hablado de Ti las flores y los lirios,
las olas en mar, las gaviotas y los pinos.

Me han mostrado tu belleza el mar azul dormido,
las mañanas frías, las montañas y los ríos.
Me cantaron tu amor los ruiseñores y los grillos,
el croar de las ranas y un violonchelo herido.

Me hablaron los poetas, los músicos, los niños;
los pintores de soles, los pies del peregrino,
el candor de los jóvenes, su ilusión en el camino,
los buscadores de amor, los místicos, tu Espíritu.

Te busqué entonces muy cerca:
en el desierto de mi habitación cerrada,
en la sequedad de mi alma enamorada,
en la nostalgia de una presencia cercana,
en lo profundo de mi soledad ilusionada.

Descendí por la escalera del Amor
hacia la oscuridad que custodia tu morada,
sosegadas ya mis ansias se calmó la pasión,
y apareció la dulzura fresca de tu luz que me bañaba.


La ternura, desde el manantial de tu mirada
que envolvía una caricia de presencia enamorada.
¡Déjate amar! Ya decías sin palabras
y caricia era tu Amor que recorría
el cuerpo, la mente, las profundidades de mi alma.

Paralizado de Amor, sin poder decir palabra,
experimentando al mismo tiempo la infinitud de la distancia,
la cercanía de tu corazón, de tus besos, de tu gracia;
simplemente me entregué y fue el Amor, la paz, la calma.

El tiempo se detuvo en el instante que en tu presencia se gozaba.
El espacio, en la profundidad de tus ojos, palpitaba,
la eternidad fue plenitud de tu figura que todo lo llenaba.
Quise perderme para siempre en Ti,
-todavía no ,dijiste; queda la esperanza.

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SOY LA PASIÓN...

Soy la pasión de un corazón herido,
herido de amor, de soledades y de olvido.
Anido la nostalgia del Amado que ha partido;
busco, espero, clamo ¡qué solo está mi nido!

El Amor te hace presente, el recuerdo te hace vivo;
la sed de soledad y silencio compartido,
la puerta abierta y el mantel tendido,
la cena preparada, el pan, el vino.

Y cenaremos juntos, tantas cosas que decirnos:
palabras que enamoran, el corazón cautivo,
silencios que enardecen, el sentimiento vivo
de tu presencia que llena la casa, el jardín, los lirios.

La noche envolverá con su rocío
el ardor de tus besos, tu pecho y el mío;
y allí seremos uno, el lecho tibio,
el perfume de almendras, tu aliento, el paraíso.

El reposo sereno, la música de tu voz en mis oídos,
la embriaguez del Amor consumado y tranquilo,
el espacio infinito, el tiempo en un instante detenido,
la eternidad en tus ojos y tu mirada fundiéndose en los míos.

Tu corazón palpitando y el pálpito espíritu Divino.
El Padre bendiciendo con su Amor al Hijo
y yo participando como templo vivo
del río de un Amor eternamente compartido.

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QUE BIEN SÉ YO LA FUENTE...

Que bien se yo la fuente cristalina y pura
en la que pierde la mirada del Amor su lejanía,
el espejo en el que el Amor refleja su figura,
aquel que me revela el rostro del Amado sin medida.

La fuente de la que brota la hermosura de tus ojos mansos,
el calor de la mirada que envuelve el corazón friolento
de la que viene la luz que se enciende en mis ojos cuanto te contemplo
y encuentro en los tuyos el caudal del Amor que es mi descanso.

Que bien conozco el pozo en el que la sed del alma está saciada,
la frescura desbordante y eterna del amor primero,
el que me hace sentir vivo, el que llena de gozo mi destierro
descubriendo tu rostro y tu belleza más allá de lo que veo.

El manjar en el que quisiste quedarte entregándome tu cuerpo
para tomar el mío en la embriaguez del Amor y de tus besos.
La copa que enamora y que engrandece la dulzura del encuentro,
el banquete en el que soy consumido por tu Amor inmenso.

Que bien se yo la fuente en la que quiero ahogarme por completo,
en la que deseo sumergirme para perderme en las profundidades de su seno,
en la que quiero empapar mis ojos buscando tu misterio,
a la que busco unirme para siempre como una gota en el océano.

Que bien se yo la fuente de tu pecho que en altar se ofrece abierto,
En el que arde el mismo Amor que se entrego en mis sueños,
El río de la sangre viva que calma mis anhelos,
El pecho en el que fundo el mío y en el Amor me pierdo.

Que bien se yo la boca que habla sin decir palabra,
que cautiva silabeando con dulzura la ternura del momento
en que me besa enamorada el corazón herido de su fuego
y suaviza con las caricias de sus labios el dolor de su silencio.

Quiero latir al ritmo de tu palpitar y de tus besos
y que tu savia recorra las venas de mi cuerpo
transformándome en Ti, volverme el sabor de tu recuerdo,
ser delicia de tu paladar y el aroma de tus sentimientos.




BESAS EL CORAZÓN

Besas el corazón, Señor
y brota en el palpitar de sus latidos,
la música que te entrega, arrepentido,
cuando, al instante, lo enciendes en tu Amor.

Besas el corazón y en melodías
de suavidad inusitada yo me pierdo,
entretejiendo el nido, dulce y tierno,
en que reposas cuando llega el día.

Besas el corazón, la mente calla,
como callada el alma está en tus brazos
cuando descansa la razón en tu regazo
mientras el amor en lo profundo estalla.

Besas el corazón y el tiempo se detiene,
la eternidad, compartida en un instante,
nos une en un abrazo penetrante
y el encuentro futuro es ya presente.

Besas el corazón, silencio lleno,
la magnitud del universo contenida,
sin palabras, sólo Tú, presencia viva,
ocupas tu lugar en tu aposento.

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VEN AMADO QUE LLAMO A TU PUERTA...

Ven Amado que llamo a tu puerta en esta noche.
el sol vela dormido entre los brazos del ocaso,
las nubes, a lo lejos, el horizonte serenado,
los pájaros reposan, el río adormecido,
la calma y el silencio, el lecho preparado,
un corazón que busca, en soledad probado,
tus caricias, tus besos, tu pecho, tu costado.


La noche que me envuelve, fresca y dilatada;
la música acaricia las horas que no pasan,
la plegaria que anido, la esperanza templada,
la fe que te contempla bajando las montañas
y el amor que no duerme entretejiendo la entraña
del sufrimiento que aguarda tu presencia cercana.


Pastor, Señor, amante, esposo errante de mi alma.
Viajero y navegante, dueño y carcelero de mis ansias,
no te hagas esperar, no tardes, ¡ven! te ruego
a tomar posesión de tu morada,
no dejes que las horas transcurran hasta el alba,
la noche es nuestro tiempo, nuestra paz y nuestra calma.


Ven, llénalo todo, colma, enardece, enciende, embriaga,
perfuma de naranjo, de nardo y de jazmines la habitación cerrada;
enciende el fuego y entibia el frío de la ausencia prolongada;
ponle fin a la espera que el recuerdo amoroso custodiaba:
serás todo en mi alma y yo en tu pecho, reposo que elimina la distancia,
el tiempo ya no cuenta, sólo Tú lo llenas todo, tu corazón me abraza.

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LE FLORECIÓ UN JAZMÍN...

Le floreció un jazmín entre los labios,
su voz supo a naranjo granadino,
de olivares maduros sus ojos se llenaron
y su mirar fue aceite cristalino.

El bosque de su pecho, pinar embravecido,
selva misteriosa de frescura suave,
nido acogedor, verdor de cedros encendidos
misterioso amor de suavidad, volcán dormido.

Un valle inacabado, el cañón que acoge el río,
la profundidad primera de la que brota lo perdido,
las cascadas, los helechos, los abetos dormidos
y el pálpito interior de un mundo para tantos escondido.

Como narcisos tiernos de mármol esculpido
sus brazos de peñasco, de roble suave y tibio
de abrazo enamorado, de acariciar tranquilo,
serenidad segura, transporte al infinito.

Cuando sus dedos tocan, la nieve se hace río,
el glaciar se derrite, la roca palpita de cariño,
las aves se despliegan en el cielo del delirio
y el vuelo de un cóndor en su altura queda suspendido.

Cuando besa la fragancia del sol enciende el lirio,
el amancay tapiza un jardín enhebrado de jacintos,
amanece en un instante y el tiempo detenido
resucita las horas pasadas, de brumas y de frío.

Cuando me besas siento que mi interior dormido
Engrandece las alas al viento y vuela a su destino
Destino eres Tú, pues me pensaste en Ti perdido
Deshilachando mi corazón orante entre suspiros.