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Amor místico. Poemas de amor a Dios

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Estar enamorado

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MI AMADO ES... (Cant. 5,10-16)

Mi amado en sus cabellos lleva
la fuerza de volcanes apagados,
el brillo del sol en primavera,
la espesura de bosques milenarios.

Su perfume de nardo me recrea
y el aroma del mar en que me embriago
me sumerge en la brisa que me lleva
por un sendero de almendros y castaños

Su frente como el sol de la mañana
se levanta altiva entre los montes,
sus mejillas de ocaso encienden mis entrañas
enrojecidas como el sol cuando se esconde.

Sus ojos son oscuros, profundos y cercanos,
en ellos brilla radiante el lucero de su encanto,
son pájaros en mi cielo sus reflejos en el lago
y cuando miran me enciendo en lágrimas bañado.

Su mirar penetrante como perfume de un prado,
como un parque de jazmines entre jacintos dorados,
como el mar entre las sombras de una noche de Verano,
como los tilos en flor en las orillas del lago.

Su mirar cala tan hondo que no puedo no mirarlo,
me penetra y me sondea hasta con ojos cerrados,
se sumerge en mis adentros y me deja enamorado,
atrapante, cautivante, como un sol ensangrentado.

Su mirar azul marino profundo, huracanado,
tiene la fuerza del mar en sus mareas,
es como un zafiro azul preñado de centellas
o esmeraldas mojadas por las olas en el acantilado.

En sus ojos brilla la ternura de una mañana nueva,
una dulzura distinta, única y radiante,
una paz acogedora, una ilusión esperanzada y cautivante,
un volar de mariposas en eterna primavera.

Sus mejillas suaves de terciopelo y de brocado,
cultivadas de lirios y narcisos aromados,
sonrojadas a la luz de rubíes y topacios
entretejido en sus barba el perfume de jazmines y naranjos.

En su aliento de azahar, de menta, de manzano,
como una brisa de estío, fresco y reposado,
como un aroma de pinos y eucaliptos perfumados,
como el heno que se extiende amaneciendo en el prado.

Como el rocío que el trébol acaricia con cuidado,
o fragancia de valles escondidos a su sombra recostados,
como el sendero sutil del bosque en prémulas bordado
o sereno nocturno en la playa de un océano encantado.

Panales de misterio son sus labios,
un torrente de miel y mirra que regala,
el pozo de la hondura en que el Amor se embriaga,
la bodega del vino mejor que saboreamos.

Su Palabra es todo Él y al pronunciarse me enamora
envolviéndome penetra mi mente y mis entrañas acrisola,
es bálsamo de paz que me acaricia, murmullo de las olas
que acariciando empapan la playa de mis días y mis horas.

Su paladar es bodega de virtud embriagadora
en la que ofrece el licor de la vida siempre nueva,
elixir de hierbas aromadas de eterna primavera,
sabiduría con sabor de Amor que emborrachando regenera.

Toda su boca es fuente del Amor primero
en la que se bebe el vino bueno hasta saciarse,
bastaría sentir su perfume para enamorarse
y desearlo para llegar hasta su encuentro.

Es su pecho ardiente como arenas de un desierto místico y arcano,
como un trigal ondulante preñado del Sol y de sus rayos,
como amapolas ardiendo en praderas junto al lago,
como tejido en turquesas y rubíes en perlas engarzados.

De roble son sus piernas esculpidas en marfil dorado,
sus brazos de ébano y cedro, de incienso y alabastro,
vibrantes de ternura, cálidas y fuertes son sus manos,
sus pies seguros de caminante y peregrino, están alados.

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¡QUÉMAME, SOL DIVINO, QUÉMAME!

¡Quémame Sol divino, quémame!
Quema mi mente de incienso con tu fuego y tu verdad
y mis ojos con el brillo de tu rostro soberano,
quema mi corazón con el toque ardiente de tu mano
y mis labios gustarán tu suavidad.

Quema mis pensamientos con la luz de tu presencia
y enciéndeme en la llama exaltante de tu trono
envuelve con tu resplandor mi inteligencia
y en mi ceguera contemplaré tus ojos.

Quema mi voluntad amante en tus deleites
y que se fundan mi corazón y el tuyo,
soy un campo encendido de trigo que se ofrece
al sol que lo quema y lo hace suyo.

Quiero quemar mis ojos a la vista de tu rostro
en la chispa de tu Amor perderme quiero,
reencontrarme en la luz divina de tus ojos
saborear la paz divina en la que espero.

Acaba de quemarme que el fuego no termina
ya obra que comenzaste en aquel día
cuando tu Espíritu de fuego se hizo llamas en mi vida
y supe que tu gloria ya era mía.

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QUIERO SER INCIENSO PERFUMADO...

Quiero ser incienso perfumado para Ti,
quemarme lentamente al paso de las horas,
elevarme orante hacia aquel que me enamora,
ofrecerme quemándote mi tiempo y mi vivir.

Un cirio en el altar de tu misterio
derritiéndose amante ante tu sombra,
la luz palpitante que te adora,
una oración que se quema en el silencio.

Esa flor que a tus pies sencillamente ora
ofreciéndote simplemente su perfume,
la que en tu presencia, humilde se consume
y marchitándose te entrega el néctar de su aroma.

Quisiera ser el silbo de una flauta enamorada
que suena para Ti su música y te honra,
tocar la melodía que te nombra
y se vuelve adoración ilusionada.

Quisiera ser icono que reproduce tu mirada
y envuelto en los colores de tu encanto
revestirme de Ti y cubierto con tu manto
volverme una liturgia consumada.

Quisiera ser un salmo recitado lentamente,
un verso saboreado entre los labios,
una oración que desde el corazón te canto
y se pierde en el tuyo humildemente.

Quiero ser el suspiro de la tierra enamorada
que redimida a tus ojos ya se eleva,
el canto de las aves en la primavera,
una alabanza cósmica a tu gracia.




¡AMADO, AMADO, AMADO!

Amado que cuando me visitas hieres,
Tú que produces heridas con tus besos,
Tú que llagas el corazón cuando lo quieres
y suavizas el ardor en que me quemo.

Tú que en tu visita me arrebatas
y paralizas mi ser cuando lo tocas,
Tú que amándome me matas
y matándome de Amor me nombras
rompe el silencio y las cadenas que me atan!

Tú que me das un nuevo ser cuando me amas
y renovándome en Ti me vuelves nuevo,
Tú que enciendes el corazón en fuego
y te vuelves luz entre sus llamas
haciéndote incendio que me quema dentro...

Tú que vienes y vas, tú que te quedas
en el toque, en la herida, en el recuerdo,
Tú que te haces llaga de Amor en que me quemo,
Tú que te vuelves suavidad de bálsamo y misterio
¡Quédate o llévame en la hondura de tu pecho!

Me hieren tu ausencia, tus silencios y las noches
en que esperando tu visita se hace el alba.
me hiere el ardor de tus dedos en caricias raras,
tu voz silenciosa en los oídos de mi alma,
tus ojos que me miran y mi mente que se apaga.

Me llaga el perfume que en tu presencia invade
las fibras íntimas de mi ser profundo
cuando impregnado en la piel de mi espíritu es anuncio
de tu ser, de tu amor, de tu visita, de tu paso,
de la posesión que me libera y de la magia de tu encanto.

Sé que sólo la posesión definitiva cauteriza
las llagas de amor que en la esperanza brotan
porque sólo tu presencia adorable cicatriza
las heridas que tus ausencias provocaron,
el anhelo de lo definitivo que en ellas se ha gestado.

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ESTAR ENAMORADO...

Estar enamorado es arrancarle
al sol su melodía en primavera,
una música que compusieron las estrellas
en la noche que creaste para amarte.

Es gustar en el bosque un aroma de frambuesas
y recorrer los senderos como si fueran nuevos,
es quedar extasiado en el canto de un jilguero
y paladear en el viento el sabor de las cerezas.

Es volverse acróbata con las golondrinas
y en su vuelo extasiarse en tu presencia,
es esperarte como el águila en tu ausencia
mirando el horizonte cuando cae el día.

Es sentirse pájaro en el cielo de tus ojos
y destilar en las nubes la clemencia,
despertar a una mañana nueva en mi conciencia
y sentir que son un tesoro mis despojos.

Caminar por las orillas del río de los sueños
y ver tus ojos claros en el agua cristalina,
descubrirte en la fuente pura en que el Amor domina
y sentir que mi existencia tiene dueño.

Zambullirse en el lago de las aguas frescas
y bucear el misterio de tu nombre,
sumergirme en la frescura que te esconde
y descubrir un universo de belleza principesca.

Es nadar sin cansarse hacia tu encuentro
sabiéndote cercano, presente y escondido,
respirar el Amor en que me siento sumergido
y contemplar tu belleza en un almendro.

Es sentirse infinitamente rico en la pobreza
enjoyado en la luz que surge en tu mirada,
descubrirse hecho belleza en la alborada
y vestirse en los colores de la naturaleza.

Descubrir en la flor de la acacias la pureza
y en su perfume tu olor que se destila,
es envolverse de azahares cada día
y reconocer en sus flores tu belleza.

Es desplegar las alas en el horizonte de los días
y remontar las alturas que tu pecho esconde,
navegar mar adentro en el velamen de tu nombre
y descubrir en las estrellas tus pupilas y mi guía.

Es volverse colibrí sorbiendo entre las flores
el néctar sabroso de tus labios y la dicha
de recrear en su color brillante la sonrisa
que se enciende en el rosal de los amores.

Es dejar de llorar con el sauce de la ausencia
el Amor que por el río de la vida se ha marchado
sabiendo que en el pecho inundado se ha quedado
y en el recuerdo enamorado se hizo permanencia.

Es reconocer en un cielo azul de plata
el toque de tus dedos amorosos,
el soplo de los vientos cariñosos
en que la caricia de tus manos se delata.

Es sentirse dilatar el pecho en los acordes
de la sinfonía que me ofrecen las cigarras
sentirse palpitar en ronroneo de torcazas
que se enamoran al decir tu nombre.

Es descubrir en los árboles la fuerza de la vida
que abre paso al Amor que los sustenta,
la savia primigenia que los alimenta
y el misterio que a su sombra se cobija.

Es contemplar las rocas con ojos extasiados
y adueñarse de las cavernas de las piedras,
es sentir en el pecho las olas que se estrellan
fundiéndose en el muro de los acantilados.

Y es planear en las alas de gaviotas que despiertan
amaneceres de sol en mares solitarios,
ser espuma y fragor que embiste temerario
las playas desoladas en las que el mar se acuesta.

Es ver tus ojos en los atardeceres vivos
y en el sol de tu mirar irse quemando,
es ser un cisne que hacia Ti se va volando
y en su corazón sentir volar el mío.

Es romper las puertas de la cárcel que me habita
y de la libertad amante volverme prisionero,
encadenado en el viento del Amor como un velero
romper para siempre las amarras y zarpar hacia la vida.

Es arrojarme a la ilusión que invita
a dejarlo todo por seguirte donde vayas,
perder los miedos, navegar hacia tus playas
proa a las olas embestir la vida.

Desplegar el velamen de mis ilusiones
y henchirme en el soplo de tu aliento vivo,
clavar los ojos en el horizonte al que te sigo
y hacerme travesía de tus emociones.

En la noche experimentar que me cobijas
y en el rocío sentir tu aliento fresco,
suavizar las heridas que de Amor padezco
refrescado en la brisa marítima que habitas.

Estar enamorado es sentir que estás aunque te vayas
y ser prisionero de tu presencia cierta,
escucharte en el silencio aunque a veces no comprenda
y volverme arena tibia y reposada de tus playas.

Es padecer mil muertes sencillas cada día
cuando la vida se regenera en mis adentros,
la metamorfosis completa de mis sentimientos
polarizados en Aquel que los cautiva.

Es vivir en un desierto sin sentirse solo
y en la más profunda soledad vivir acompañado,
es ser náufrago en el paraíso y no querer dejarlo
y es el silencio infinito de la intimidad en que te adoro.

Es poder sembrar tulipanes rojos en la luna
y transformar el páramo en un campo de amapolas,
es florecer en invierno en los pimpollos de las rosas
y es plantar jazmines de misterio entre las dunas.

Es admirar el musgo que crece entre las piedras
y los helechos silvestres que recuerdan tu frescura,
descubrir en un arroyo imperceptible tu ternura
y encontrar entre las rocas flores frescas.

Es ser la libertad en el campo de los caballos blancos
recorriendo a su antojo indómitos la estepa
y es ser río de mansedumbre en las praderas
en las que pastan los corderos mansos de tus manos.

Es plantar en el patio un cantero de violetas
y aprender de su humildad cuando te canto,
transformar el balcón en un vivero de geranios
y en santa ritas al sol sentirse primavera.

Es embriagarse en el sabor de la sonrisa que ilumina
y descubrir tu rostro eterno recortado entre las nubes,
encontrar el rastro de tus pasos en un bosque de abedules
y recibir como pétalos de rosas sus hojas amarillas.

Caminar por las playas del mundo buscando caracoles
y leer tus mensajes cifrados escritos en la arena,
mirar a lo lejos cómo retozan, jugando, las ballenas
y en los médanos serenos volverme anochecer de soles.

Descubrir en su simplicidad y primor las clavelinas
que visten coquetas mi balcón y mi ventana
y sentirme un pájaro que despierta cantando en la mañana
cuando la primera claridad del alba mis ojos acaricia.

Es contemplar en la noche un océano mágico y plateado
cuando la luna se baña en el mar besando el horizonte
mientras las sirenas me cantan al oído las notas de tu nombre
y en su silencio salado los corales me dejan extasiado.

Es tener una mirada nueva para recorrer la vida
y poder ver con tus ojos el alma profunda de las cosas,
experimentar tu presencia cálida, discreta y amorosa
que hilvanada en el transcurso de las horas me hace compañía.




HE VISTO LLORAR UN SAUCE...

He visto llorar un sauce en las orillas del río,
llorando estaba su amor entre tristezas y olvido,
las aguas lo consolaban, le decían: no se ha ido
el que lloras solo duerme, volverá como ha partido.

He visto llorar de amor sus ramas verdes de Nilo,
acariciando las aguas, sumergidas en su brillo,
bebiéndose la corriente de un amante peregrino,
soñando sueños de nácar en primaveras de frío.

Imaginé sus raíces sedientas de amor divino
buscándolo entre las piedras, penetrando su destino,
horadando la montaña con la esperanza en un hilo
como dedos que se aferran en las entrañas del río.

El sauce estaba llorando su soledad junto al río,
sus lágrimas eran suaves como una noche de estío,
eran flores de un amor azul como flor de lino,
como tórtolas errantes alejadas de sus nidos.

Contemplaba la corriente con ojos de amor transidos,
abrazando en su mirada el azul de los zafiros;
el cielo se reflejaba, sobre las aguas dormido
y el sauce lo acariciaba con sus dedos conmovido.

No llores sauce, le dijo, que tu Amor no se ha perdido,
Su silencio es elocuente, simplemente se ha escondido,
Volverá como las aves, de primavera vestido
Y en una noche de luna, te envolverá de rocío.

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SOY UN GRANO DE ARENA...

Soy un grano de arena que anhela el mar,
una pluma en tu viento que quiere volar,
un soplo en el cielo de tu inmensidad,
una chispa de luz encendida en la oscuridad.

Soy pensamiento de tu mente y tu mirar,
latido de tu pecho que quiere Amar,
el hijo que en el Hijo quisiste salvar,
maravilla de tus manos al crear.

Un soplo peregrino que busca paz,
el aliento del mundo y palpitar
del corazón que ungiste al contemplar
la miseria de la nada que quisiste amar.

Soy el sueño del ocaso al descansar
y un amanecer rojizo al despertar,
primavera de vida que el brotar
te ofrece el fruto de la vida que le das.

El germen de infinito de la humanidad
y el suspiro de un pecho en alta mar,
la mirada que se pierde en tu mirar
buscando en su regreso la casa familiar.




YO SERÉ TU AMOR...

Yo seré tu Amor y tú en mi rostro
encontrarás las delicias que buscabas;
yo soy la fuente de la vida que esperabas
enamorado de Mí, tú serás otro.

Yo basto, suficiente es mi mirada
para llenar tu corazón de mis consuelos,
soy el que enciende estrellas en tu cielo,
el manantial amoroso de tus lágrimas.

Yo soy el Amor que te tiene prisionero
el despertar del gozo de tus días,
el palpitar amoroso que te anima,
el camino por el que caminas a mi encuentro.

Yo soy el que imprime en tu rostro mi mirada,
el que ilumina tus ojos en destellos
de la luz que de los míos se derrama en ellos
cuando mirándome experimentas que me amas.

Yo Soy y seré en ti y tú en mi seno
reposarás de las fatigas de las noches largas
cuando te miren verán en tus ojos mi mirada
y viéndome sabrán cuanto los quiero.

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MENSAJEROS DE AMOR ENTRE LOS HOMBRES

Mensajeros de Amor entre los hombres,
mis ángeles te cuidan y te llevan
por el camino que hasta mi casa llega,
el hogar que te preparo entre los montes.

Son signos de mi Amor los manantiales
en los que bebiste mi gracia hasta saciarte,
los frutos que en el huerto cultivaste,
las azaleas, los tilos y rosales.

Era mi amor que peregrino te cuidaba
cuando en las noches el camino se perdía;
fueron mis ángeles tu protección y guía
cuando las noches se ofrecían estrelladas.

Era mi Amor el que en el lecho te acunaba
cuando cansado de la labor dormías
y era mi mano amorosa que te protegía
de los peligros del maligno que acechaba.

Era Yo el rocío fresco en la mañana
que sobre el trébol de tus noches se extendía;
era la brisa fresca y perfumada en que sentías
las caricias de mis dedos en tu cara.

Era Yo en la luz entrando en tu ventana
que te despertaba con su beso cada día
y era el calor de mi pecho al mediodía
el que el tuyo, amando, calentaba.

Y en el atardecer en que el sol languidecía
el rojo de mis venas te entregaba
para que bebiendo del vino de mi corazón en llamas
te adentraras en la noche embriagadora de mi vida.

Era yo el ritmo al sucederse de los días,
las horas palpitando en tu pecho, las semanas,
los aniversarios, las fiestas y la Pascua
que te preparaba a celebrar mi día.

Yo estaba también en los silencios
cuando, callado, tu sueño acompañaba,
cuando el dolor tu amor purificaba
y mi ausencia te dejaba en el desierto.

Allí estaba también mi Amor entre las rocas,
mostrándote un oasis en medio de la nada,
cuando el calor de la arena sofocaba,
te mandaba mis nubes y su sombra.

Nunca dejé de quererte, cuando parecía te olvidaba;
ni de hablar en el susurro imperceptible de mi gracia.
Contigo estuve siempre y estaré mañana,
te brindo una certeza, mi Amor no se retracta.

Por eso hoy quiero unirte a mi pecho enamorado,
sumergirte en mi Amor y allí perdido
adornarte de luz y en la blancura de los lirios
vestirte de mi gracia y mi cuidado.

Hoy quiero desposarte en Amor transfigurado,
iluminar tu rostro con la luz del cielo,
mi Espíritu donarte y suprimir el velo
de la distancia que te separa del Amado.

Te desposaré conmigo en la paz y en la justicia,
tu llama será el fuego que en mi corazón ardía,
serás mi zarza ardiente y llama de amor viva
y cuando el tiempo se acabe, quedará la dicha.

Yo soy el que esperaba paciente tu regreso del pecado,
el que inspiraba el dolor arrepentido de las faltas,
la fuente liberadora y pura de las lágrimas,
el que te recibía gozoso en un abrazo esperanzado.

El que en la herida de mi costado salvador te sumergía
y te cubría con la sangre sanadora de mis llagas,
el que en cada gota derramada de sangre te besaba
y con el manto de mi pasión liberadora te cubría.

El que en la fuerza de mi Espíritu Santo te impulsaba
para recorrer el sendero sinuoso de la vida,
el que en mi Verdad tu inteligencia sumergía
cuando orante, mi misterio contemplabas.

Yo soy la fuente del Amor hermoso
que en el soplo de sus dones te envolvía
elevando tu naturaleza pobre a mi medida.
Yo soy la imagen reflejada en la hondura de tus ojos.

Soy el manto encendido de Amor de las estrellas
que cubre tu misterio en la noche serenada,
el que en su luz vibrante cautiva tu mirada
y te revela el alma de las cosas bellas.

Yo soy del universo el Alfa y el Omega
de tu vida principio y fin, camino y meta,
el horizonte de tu mirada que despierta
y el norte cierto de tu barca que en el mar navega.

Yo soy el navegante que de noche llega hasta tu puerta,
el que golpea el corazón para dejarlo prisionero,
el brillo cristalino de la fuente del Amor primero
que enciende tu mirada en el Amor que todo llena.

Soy el que ausente te mantiene cautivado,
el que me quedo en el recuerdo de los besos,
el que en la ausencia mantiene el corazón despierto,
el que en sus visitas te deja enamorado.

Soy el Amor navegante que atraca en las entrañas de tu puerto,
el que perfuma las noches en tu lecho,
el que sujeta sus amarras en tu pecho,
el que confiando fielmente esperas de regreso.

Yo soy la intimidad de tu súplica confiada,
el aliento suave que desde tu pecho se desliza,
el palpitar que en el alma tus heridas cauteriza,
el que lleno el corazón y deja tu mente cautivada.




SANGRE, SANGRE, SANGRE...

Sangre, sangre, sangre:
un torrente de pasión en que me envuelves;
un río de ilusión que me trasciende;
el mar de la misión en que te viertes.

Sangre del Universo apasionado,
del pálpito del tiempo que se escurre,
entre las venas de un espacio enamorado
que envuelve la pasión con que me cubres.

Sangre del atardecer de púrpura dorado
en que se duerme la tarde de tu ocaso,
la que inaugura la noche para amarnos,
la que destila el perfume de tu paso.

Sangre de Soles que ardiendo me iluminan
y calientan el corazón cuando te llamo
los que amanecen en el mar de la desdicha
exorcizando los miedos a su paso.

Sangre en el fuego de tu corazón en llamas
que quema la pasión que hay en mi pecho,
sangre que hierve en el fuego que me abrasa
cuando derramo las horas en mi lecho.

Sangre en el recuerdo de tus heridas vivas,
las que beso enamorado y sin consuelo,
las de la tortura de un Amor que se hace dicha,
las que fecundan con tu gracia mi desvelo.

Sangre en la llaga apasionada de tus besos,
en la herida de Amor que en mi pecho tu has causado,
en la llaga bendita que tu roce me ha dejado
cuando el toque de tus dedos abría mi costado.

Transcurro la vida en tu sangre salvadora sumergido,
bebiendo en el cáliz del Amor en que me embriagas,
en el beso del vino nuevo que surge de tus llagas
cuando sediento de Amor beso el corazón en que me salvas.

Quiero beber y beber de tu pecho hasta saciarme,
sorber del manantial del árbol de la vida,
la savia del Amor que es la esencia de mis días,
la que me deja extasiado para luego enamorarme.

Quiero perderme y en el río de tu pasión volverme vida
y confundirme en el mar de tu costado abierto,
empaparme de Ti y perderme en la hondura de tu pecho
dormirme para siempre y despertarme en las profundidades de tu encuentro.

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PENSANDO QUE ERA UN ÁRBOL...

Pensando que era un árbol transplantado
padecí inútilmente mi destino,
me dolieron las raíces arrancadas sin aviso,
las ramas desgajadas, los frutos abortados.

Me equivoqué de imagen, sufrí mi desatino
y pagué con el dolor los soles nuevos
cuando pensaba en cipreses o en almendros,
cuando soñaba las castañas o los pinos.

Y en una tarde de malva y primavera
tu luz me reveló con una imagen
mi vocación para el mundo y al dejarme
más allá de los abetos, vi tu iglesia.

Un camalote en el río de la vida
enraizado en tu Amor y no en la tierra,
embebido de sol y luna llena
navegando el mar de tu alegría.

Un camalote simple en la bahía
en los recodos del sol, en la rivera,
navegando solitario o en cadena
alegrando el paisaje con su vida.

Sin ramas portentosas, sin madera,
sin frutos de abundancia o de dulzura,
simplemente al sol ofreciendo la ternura
embebida en el Amor que lo sustenta.

Un camalote simple en pretensiones
ofreciendo sus flores blancas o azuladas
en los reflejos de la luna perfumadas
y abiertas a tu sol sus emociones.

Sus raíces libres y empapadas
en la frescura pura de tus aguas,
alimentadas de Ti y en Ti preñadas
del gusto de tu voz y tu Palabra.

Un camalote al viento mecido por tu gracia
y acariciado en las olas del encuentro
el croar de las ranas, su lamento
y en su piel la luna llena se derrama.

Un camalote en paz y el río inquieto
más allá de las lluvias y tormentas,
más allá de los rayos que amedrentan
por debajo de los truenos y del viento.

Insignificante, en tu simplicidad pacificado
reconciliado con los robles y su altura
y ofreciendo simplemente la hermosura
en que tu brisa de Amor lo ha transformado.

Simplemente un camalote entre tus aguas
y la vida que devana su madeja,
una corriente de ilusión que se asemeja
al canto de las sirenas en las playas.

Un canto que lo lleva mar adentro,
un canto cautivante, enamorado
y el camalote navega ilusionado
por un camino de nostalgia y de recuerdos.

Recordando tu amor le salen alas
para volar su pensamiento hacia tu encuentro
mientras el viaje hacia tu canto se hace lento
y en sus raíces libres arraiga la esperanza.

Tan pequeño y su fe asida al viento
n sus hojas verdea la confianza,
sus flores sin de luz y de alabanza
su caridad es deseo y sentimiento.

De noche las estrellas lo acompañan
y la luna lo llena de tus besos,
en sus rayos lo acuna su reflejo
y susurra una canción en sus entrañas.

De día es el sol el que lo baña
en el color de la vida y su belleza,
en medio del mar experimenta tu grandeza
y su pequeñez se hace canto de alabanza.

Simplemente camalote me has creado
Para que en la debilidad se muestre tu grandeza,
Insignificante resplandor de la belleza
Y en su sencillez, un canto enamorado.




DECIR ADIÓS ES SENTIR EN UN INSTANTE...

Decir adiós es sentir en un instante
que se desgaja una parte de mí mismo,
que se hace un hueco en el fondo del abismo
que esconde los sentimientos importantes.

Es alejarse en la barca de la vida
y navegar mar adentro en mi destino,
construir senderos donde no hay camino
y realizar en el Amor las profecías.

Es dejar atrás una vez más seres queridos:
la familia y los amigos que encontraste
y arrojar los claveles recogidos

en alta mar y en aguas cautivantes
y mirar el horizonte consumido
por el deseo de avanzar hacia levante.

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LA TARDE TIENE GUSTO A DESPEDIDA...

La tarde tiene gusto a despedida,
el sabor amargo del almendro,
del vacío que dejan los encuentros
devorados por el ritmo de la vida.

Se concentran en el sol que languidece,
las horas de la dicha compartida,
las alegrías y tristezas ya vividas
en el cofre en que su esencia permanece.

Se hace más patente el camino recorrido
con la perspectiva que deja la distancia,
el calor de los amigos, su fragancia
y el perfume en el huerto florecido.

Hay que pagar a la vida nuevamente
el precio singular de haber amado
en el sufrimiento que se queda acurrucado
en un rincón del corazón doliente.

Pues la decisión de amar es la desdicha
de deber quedarse solo nuevamente,
de saber que todo pasa ciertamente
y que separarse forma parte de la dicha.

Alegría del presente y tristeza del mañana.
¡Oh Amor que formas parte de mi vida!
¡Oh dolencia que matando vivificas
y purificas en la gracia que derramas!

Peregrinar de despedidas y de encuentros.
¡Oh flor que deshojándose me vistes
de soledad esencial porque le diste
tu perfume otoñal al dulce almendro!

Decir adiós, saborear la despedida
es condensar la esencia de mi tiempo
es hilvanar en mi manto los momentos
que constituyen las fibras de mi vida.

Es recordar mi ser de caminante,
la consistencia peregrina de mis días,
es liberar el corazón para que cante
por el camino su suave melodía.

Es soltar el ancla y mirar hacia delante
de cara al horizonte zarpar hacia la vida,
bendecir el puerto, insinuar una sonrisa,
regar con una lágrima las flores que plantaste.

Emprender nuevamente del Amor la travesía
sintiendo que el dolor de lo dejado
no se compara al valor de haber amado
ni a los recuerdos que tejen mi alegría.